jueves, 11 de noviembre de 2021

Un artista desdichado es como un rey destronado

Veo en los periódicos a muchos mandarines desahuciados de la subvención, llorando como cuando se les quita a los niños la teta de mamá.  No es la covid, es la propia pandemia del tiempo, el tiempo es la enfermedad. Una de las principales tareas de todo artista, absorbente y ridícula si el fatalismo la culmina, es la de crearse su siglo, un siglo propio en su tiempo, con los pedazos de otros siglos lejanos, próximos y ajenos. Una tarea lenta y reposada, realmente despreciada, que nadie parece estar dispuesto a afrontar. Para sostenerse, bien saben protegerse, se cubren de un discurso y una vida de digna decadencia, se dicen para autoconvencerse algo como: un artista desdichado es como un rey destronado. 

miércoles, 10 de noviembre de 2021

Escribe Juan Abreu, en su cuaderno Emanaciones

"Sábado, 6 de noviembre de 2021

El escritor que pretende algo del llamado mundo cultural ha fracasado de antemano. El escritor que necesita ser aceptado por el llamado mundo cultural está condenado a la servidumbre a la derrota y a la infamia desde que escribe la primera palabra. El llamado mundo cultural es una trampa mortal para cualquier escritor. Una trampa mortal sólo superada por las redacciones de los periódicos."

Voy seleccionando los escritos que merecen la pena de este escritor y opositor cubano afincado en el aburguesado Sant Cugat. Sus mejores notas son las breves y costumbristas, en las que habla del amor por su mujer, el sexo con otras mujeres, innumerables, la maduración de su belleza al envejecer, de degradación del cuerpo y la carne, sus gatos y el jardín, o cuando hace memoria sobre el exilio y de fondo la Cuba castrista que abandonó, sin esa luz de la pintura holandesa, ni la miel ni la melancolía. Contrasta la brillantez y la sensibilidad con la que afronta de la vida y el tiempo, una escritura incluso física, con el dogmatismo desquiciado y delirante de sus comentarios políticos reaccionarios. Sin duda esa desproporción lo convierte en un escritor menor, pero no mediocre, y un hombre entrañable. 


viernes, 29 de octubre de 2021

Nuevo evangelio económico

Nadie parece escandalizarse por la lozana existencia de la asignatura de emprendimiento en secundaria. Estamos en la Cataluña pospujolina. ¿Alguien puede imaginarse que en la escuela pública se inaugurara una asignatura sobre la construcción de la identidad nacional de Cataluña, y que nadie dijera nada?, ¿alguien puede imaginar la asignatura Identitats? ¿Acaso no es análogo el adoctrinamiento, por no decir ¡idéntico!, de la asignatura emprendimiento a la asignatura Identitats? Pero dejemos la ficción y pasemos a los hechos. La izquierda progresista denunció, acertadamente, el adoctrinamiento de la enseñanza religiosa en las escuelas públicas, y su imposible coexistencia. Claro, son socialdemócratas, y de suyo agnósticos. No la eliminaron por su mentira, sino porque olía a naftalina, aunque la mentira es el único supuesto que puede justificar la expulsión de una disciplina de los centros de enseñanza. Nadie aceptaría la enseñanza obligatoria de los evangelios, pero aceptamos dócilmente el adoctrinamiento de los evangelios económicos y la religiosidad ceremonial del libre mercado. Como siempre el desdén de los docentes por sus obligaciones políticas y morales les deja en su lugar: cobrando tranquilamente sus nóminas en su líquido amniótico. Pero ya no es la moral, la asignatura amenaza su propio oficio y profesión intelectual en términos técnicos, si se me permite: no van a impartir un saber o un conocimiento, sino pura ideología. Hay que recordar que la asignatura de emprendimiento sería una prolongación o apéndice de la asignatura de economía y empresa en la que no se enseña historia o teoría económica, sino contenidos ideológicos neoliberales acientíficos y doctrinales, altamente cuestionados por múltiples científicos e intelectuales en sólidos trabajos ensayísticos y académicos (como El eclipse de la fraternidad de Antoni Domènech, libro excelente y erudito, el mejor que he leído sobre el tema.) El conflicto entre oscurantismo e ilustración aparece acuciante una vez más ante la ceguera de la ciudadanía: o enseñanza e instrucción según criterios racionales, científicos, históricos y filosóficos, o el misticismo oscurantista: nacionalismo, religión y el nuevo evangelio económico. Las pequeñas infamias, y sus colaboradores, parecen inagotables.

lunes, 25 de octubre de 2021

Enredados

 Un mundo paralelo al tradicional se estaba creando en internet mientras yo crecía, en el paso del joven adolescente al joven ya marcado por la pérdida de la inocencia. Nacían las redes sociales instaurando unas desconcertantes convenciones. Tuvo innumerables consecuencias ese nacimiento en la creación masiva de nuevas costumbres morales y en los modos de socialización al incrementar en complejidad y cantidad sus relaciones, su conectividad, eficacia y rapidez. Una inmediatez caprichosa, frenética, también esperada. En esta segunda naturaleza digital lo crucial es consumir (no sólo establecer) el mayor número de relaciones virtuales obviando, en general, su intensidad e interés, fijado el sentido último que rige la norma en la hiperconexión constante para aplacar la incurable soledad humana y la hipersexualización de sus formas para saciar los deseos eróticos frustrados, aunque reine un neopuritanismo implacable en sus contenidos e imágenes. No se puede ocultar, para quien no sea lo suficientemente necio y arrogante, que el marco de las redes sociales es la producción de sujetos narcisistas y sentimentales, los rasgos psicológicos más comunes e insoportables de esta generación, y siempre hay que recordar aquella inmortal sentencia de Kundera: nada hay más insensible que un hombre sentimental. Ese marco, el diseño más sofisticado de la publicidad contemporánea, es una exigencia para la invención del consumidor, perfecta prolongación del infantilismo, la industria de la banalidad y la estupidez, o el espectáculo de la frivolidad; una especie de neutralización indirecta del ciudadano.

Otro elemento perturbador de las redes sociales constantemente olvidado es su responsabilidad en la crisis del periodismo y la disolución de la autoridad intelectual que supuestamente lo regía.  Antes de las redes se pertenecía a una sociedad donde el periodismo todavía era el principal medio de representación de lo real en la vida pública, según criterios de objetividad que establecían la veracidad o falsedad de las representaciones. No es necesario decir que la mayoría de las veces se suprimían esos criterios de racionalidad y prudencia por negligencia, acidia, intereses espurios o malicia, pues el modelo de negocio más rentable era la diseminación de las mentiras. Es decir, la burda propaganda. Jean François Revel abría así su excelente ensayo El conocimiento inútil: “la primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira”. Ni el sexo, ni el dinero, ni el poder, sino la mentira. A pesar de ello el periodismo todavía disponía del monopolio de la comunicación y la información reconocidas como formas de conocimiento, sometido a la autoridad moral e intelectual de un prescriptor interpelable cuyo oficio era realizar el análisis de los hechos del día y la hora al establecer un guión del mundo. Cualquiera podía desmontar la mentira en el momento de ser exhibida y denunciar al mentiroso a través de métodos comunes de racionalidad que podían ser asequibles y compartidos por todos. Nadie querría escuchar la verdad, o dedicarse a buscarla apasionadamente, pero todo el mundo sabía que existía, no dudaban de su realidad por muy difícil, fragmentaria, e insuficiente que fuera su obtención. La verdad importaba, aunque fuera sencillamente para destruirla. La práctica en redes sociales, y su propia estructura, son la más férrea disolución de ese viejo y negligente paradigma. Es una situación paradójica: ¿cómo explicar que en las sociedades más modernas y desarrolladas tecnológicamente la misma abundancia de información accesible y conocimiento disponible excite más bien el deseo de ocultarlo, manipularlo o deformarlo, cuando no despreciarlo, en vez de su libre y exitosa circulación? Siempre la verdad, tenida en su importancia, ha despertado más resentimientos que satisfacciones, generando más peligros y temores que la seguridad de un poder de propaganda controlable ¿Pero cómo explicar su actual desprecio en correspondencia con la inquietante magnitud de la mentira jamás antes conocida?, ¿cómo explicar que una sociedad abierta puede llevar los desórdenes de la libertad hasta la pasión por silenciar en vez del fácil amor por la verdad?

El complejo mecanismo de la mentira todavía sigue funcionando en los periódicos, televisiones, radios y portavoces del gobierno, al mismo tiempo que en las redes sociales su cuestionamiento carece de relevancia; más bien parece insuficiente, inoportuno, lleno de imprecisión. Hannah Arendt en su reflexión sobre los elementos esenciales de la ideología totalitaria –contenido en su impresionante libro Los orígenes del totalitarismo (1951)- destacaba como característico del sujeto totalitario no al nazi o comunista ideologizados, perfectamente definidos y reconocibles estéticamente, sino esta incapacidad de distinguir entre ficción y realidad, verdad y mentira, entre culpables e inocentes, entre verdugos y víctimas; desafiando las categorías clásicas del pensamiento político occidental ¿Acaso no es eso la posverdad?, ¿no son eso las redes sociales? La diferencia entre posverdad y la antigua propaganda es que esta reconocía la existencia de la verdad y tenía interés en ocultarla para imponer la mentira, o su versión hipertrofiada de la realidad, mientras que aquella al suprimir la distinción entre verdad y mentira, al estilo relativista, elimina su relevancia llevándose con ello su necesidad. Impregnando a toda la sociedad de esa indolencia, indiferencia y abulia tan erosionadoras. Aunque el totalitarismo en su plenitud destructiva de violencia y muerte como forma de poder o ideología de Estado haya desaparecido, al menos de la mayor parte del mundo conocido, es cierto que queda todo un campo libre de fantasmagorías totalitarias que sobredeterminan nuestro tiempo, cuya máxima expresión es la posverdad.   

De la misma manera que la propaganda se ha sustituido por la posverdad, la censura y autocensura se han sustituido por la cultura de la cancelación. En las tiranías políticas era imprescindible la identificación del enemigo para la supervivencia del régimen, quedaba clara la distinción amigo y enemigo dedicando todas las herramientas represivas a este fin. La persecución a escritores, intelectuales u opositores suponían más allá de la tragedia personal una salida del marco político, una marginalidad respecto del arte oficial. La censura involuntariamente, y cuando no lograba plenamente su objetivo, otorgaba un peso a lo censurado, una densidad especial, lo situaba como contrapoder, otorgaba una singularidad a esa voz ya que había que combatirla y suponía un peligro, un riesgo, una ofensa su libertad e insufrible su regodeo. Lo censurado creaba un espacio de resistencia. Por el contrario, la sofistificación y refinamiento de la cultura de la cancelación, originaria en redes pero ya presente en universidades y medios de comunicación, supone la indiferencia de lo suprimido, despreciando el propio hecho de censurar, porque no se acalla su voz, sino que se la hace superflua, indistinta, sustituible, reemplazable por cualquier otra, por nada. En el mundo libre el escritor ya no debe enfrentarse a los demonios del exilio, el asesinato, la deportación, la tortura, ni barbaries asociadas, por contraste puede dirigirse a su propia audiencia, comunicarse abiertamente, conviviendo con incómodas, pero no letales, censuras blandas. Y ese encuentro con el exterior puede ser desolador, de una tristeza contagiosa, pues nadie puede estar esperándolo ni querer oír su voz, ignorando la larga historia de persecución a escritores y la implacable extinción de sus obras. Asimilable al vacío se trivializa el talento del autor y se disipan sus méritos ante el miedo. ¿Qué sucede entonces con el ensayo, el arte y la literatura cuando realmente no importa la veracidad o falsedad de su palabra, ni se le permite ofender, irritar o desprestigiar? ¿Qué sucede entonces con la resistencia, la oposición y disidencia política a formas de opresión despóticas que han sido relativizadas por la posverdad? Ya hay demasiados preguntas inquietantes en este artículo...

El talento inspirado siempre es un insulto a la mediocridad. La necesidad de rebajarlo todo a nuestro miserable nivel, de mancillar, burlarse y degradar todo cuanto nos domina por su esplendor es probablemente uno de los rasgos más desoladores de la naturaleza humana que las redes sociales en nombre de la democratización y una perversión de la igualdad acentúan hasta lo patético. Nuestra propia condición de payasos de la humanidad sólo es comprensible en su exacta magnitud ante el espejo de las redes sociales.


viernes, 22 de octubre de 2021

los buenos, los ricos

Parece una broma, y no me refiero a la propia vida. Un mensaje irritante cruza las ondas hasta mi mesa de trabajo, aparece incluso transcrito en El País. Es un lema del periódico, una práctica consolidada de todo el periodismo nacional y del fatuo mandarinato al estilo Muñoz Molina, ese muñeco de trapo intelectual, también. Y quién sabe, de existir, la universidad española...  Aparece dicho, así lo muestra la indudable imagen promocional del programa de radio, por el locutor Carles Francino:  "La objetividad no existe, existe la honradez". O lo que es lo mismo: no tenemos ni puta idea de qué será eso de la verdad y la objetividad, ni nos interesa trabajarla mucho, eso del sostenido y pesado trabajo intelectual aburre a la gente, ¿a quién le importa, de veras?, el caso es que nosotros somos los buenos, sí, buenos, vaya, que somos cojonudos, la hostia, y con eso le vale, y debe confiar en nosotros". Y así se hace periodismo hoy en España, bullshit.

domingo, 17 de octubre de 2021

El silencio de los álamos (o el silencio de las almas bellas)

Tres años de la feliz muerte del Procés en Cataluñay en la Seu ya se habla castellanoSólo vivimos los restos del naufragio y los peligrosos pecios del delirio nacionalista, triste y decadente, cierto, pero de enorme plasticidad cómica. O tragicómica, si lo prefieren, como los rasgos bufonescos del delincuente (patológico) que sólo actúa para las cámaras y su eco. ¡Qué sútil y difícil placer moral e intelectual produce ver la inagotable, e insólita, degradación de la mentira en nuestro mundo! Pero no todos la ven, y es un placer tan efímero como parcial, de cierto refinamiento. Un fugaz escalofrío recorrió mi cuerpo al ver por televisión durante los menguados festejos de la Diada de 2021 a la regencia de Aragonés con los representantes del gobierno catalán, las patums y toda su chusmilla etnicista y clasista a lo plañideras, elaborar un handicapado discurso que prometía una nueva vía, ¡otra más!, para la independencia. Un nuevo full de ruta, decían, como si al decirlo no masticaran piedras carbonizadas, como si nada hubiera ocurrido, como si su magno intento de construcción de un estado ominoso, por el que han tenido que cometer graves delitos de corrupción económica y política, aún fuera algo más que una sórdida ilusión para dementes. Esta honda indecencia de la mentira, al margen del sarpullido, que hoy ofrecen a sus ciegos (incluso para algunos desengañados funcionales) adeptos para obviar el fracaso, la derrota y su mezquindad, es simplemente una pequeña porción del despropósito moral que impusieron sobre la población no catalanista durante el procesismo. Ahora, vuelto contra ellos mismos en formas de esterilidad y vida vegetativa, la carga de profundidad reaccionaria de su proyecto no hay que olvidarla, ya que, por muy tediosas y entretenidas que nos parezcan las simpatías de su vagabundeo y los destellos de su vana arrogancia, sólo adquiere pleno sentido su hostilidad si recordamos su putrefacto corazón ideológico: el catalanismo pospujoliano elaboró un discurso y proyecto político nítidamente xenófobo que aspiraba a la conversión de la mitad de la ciudadanía catalana en extranjeros. Al que además se sumó de manera acrítica la fatua izquierda localista, posmoderna y equidistante, cuyo entusiasmo sólo era comparable a la intensidad de su impotencia y nulidad política.  

Son complejas las causas históricas, las degradaciones culturales y mediáticas, las crisis políticas y colapsos económicos, que explican tan vil fabricación simbólica y real del paria, la conversión teológica de los ciudadanos en parias. Pero hay una razón crucial, y siempre hay que encontrarlas antes en la proximidad histórica que en la lejanía del horizonte donde ya no llegan los ojos viejos y cansados. Y es el desbordamiento del nacionalismo tras el agotamiento del pujolismo como periodo histórico. La sustitución negligente e irracional del vacío que dejaba el régimen epocal y la manoseada figura de Pujol, con su fétido paraguas generacional, inició el desbordamiento de las estrategias nacionalistas, la desintegración de los partidos tradicionales de la derecha, el sectarismo y dogmatismo de la izquierda relativista, y la desublimación de iconos culturales tradicionales. La patria devorando a sus propios hijos, sus excrecencias, suprimiendo incluso las viejas categorías y prácticas administrativas que les dieron el poder que corresponde a la talla de Estado. Si bien el pujolismo es la raíz autárquica y despótica de la construcción nacional de Cataluña en la democracia posfranquista, la introducción de la vieja ideología racial en la lengua o la sustitución identitaria de la raza por la lengua y la consolidación del nacionalismo como nueva forma religiosa del siglo, también fue el sólido esculpidor del autonomismo. Autonomismo en forma de democracia autoritaria, coto privado de extracción económica de las clases populares, corrupción institucional estructural y técnica electoral de chantaje permanente con el gobierno central de Madrid. Reinventando el viejo caciquismo: antiguos señores, nuevos amos. No tenía como destino la antropofagia, pero algo, cuyas dimensiones ahora no podemos analizar, falló. Y así los destruyó.

La patria que construía el pujolismo ya contenía los mecanismos de la xenofobia, la exclusión de las opiniones críticas, el aplastamiento de la pluralidad política, la invención y compra del mandarinato intelectual catalán, esos chiripitiflauticos, y la parábola de la democracia del autogobierno como forma de fundamentalismo catalanista que legitimaba toda locura mesiánica. Componiendo una de las sociedades más fanáticas. Pero no podía construirse sola, era necesaria la colaboración mediante el silencio de una gran parte de la masa catalana marginada de la oficialidad y la vida pública. Masa que articulaba, en su dejación de funciones y cruel indiferencia, el PSC. Solo la fuerza de un partido político con cartuchos, una base social de orgullosos militantes nostálgicos de un ficcional pasado heroico en la lucha antifranquista hoy aburguesados y saciados en colaboración con la sociedad de hiperconsumo, junto a una figura de la inanidad del cándido Pascual Maragall, podían neutralizar hasta tal punto catatónico la oposición política y moral al nacionalismo. El pacto de convivencia y repartición de bienes exigía silencio. El precio de romper el silencio era, y es, el ostracismo, el hostigamiento social, el paro, e incluso la humillación. Algunos rasgos de esa cínica militancia "socialista" permitieron cimentar el silencio y justificar no sólo su parálisis y abulia ante las posibles rupturas de ese silencio, sino el mero desconocimiento de que ese silencio y su necesaria ruptura existían como problema y posibilidad. Una mala conciencia de desclasados o herederos de las clases medias franquistas, su tendencia a la idealización de la política, su idea casi apostólica de la militancia y su obvia fragilidad subjetiva, terminaron por conformar una imagen ficcional del intelectual y militante de izquierdas antifranquista, cuya condición de víctima del franquismo era compartida por los nacionalistas. Esta coincidencia permitió establecer un nexo de afinidades sentimentales, pactos de no agresión y sórdidas negociaciones para repartirse el poder, y el dinero. 

Del anhelo de romper el silencio de ese humus insultante surgió el 9 de julio de 2006 el partido Ciutadans, ideado en sus orígenes y fundado por un grupo de intelectuales, escritores y periodistas de la órbita cultural del PSC, afines por biografía y educación sentimental. Eran: Arcadi Espada, Xavier Pericay, Francesc de Carreras, Félix de Azúa, Albert Boadella, Ferran toutain, Félix Ovejero, etc. Fue el primer y último intento de romper el silencio a bocinazos, quebrando el complejo sistema de equidistancias entre el nacionalismo y su oposición que el PSC y sus ganapanes habían creado. C'S se fundó con el espíritu de ofrecer en Cataluña una alternativa liberal y socialdemócrata al nacionalismo. Sería cuestionable que tal cosa se produjese en esos términos y también sería largo de contar todo el proceso de descomposición; vayamos al final y sus efectos sobre el silencio. El proyecto de C’S también fracasó. Su hundimiento se debió a su involución conservadora y neoliberal a causa de la progresiva sustitución de sus intelectuales fundadores por una narcisista cúpula joven de trepadores analfabetos expertos en comunicación y marketing corporativo, por su inexperiencia política y su desproporcionada y necia ambición de gobernar en España con estrategias a su vez nacionalistas (convirtiéndose en lo mismo que criticaban) combinadas con el infantilismo asociado a las técnicas publicitarias digitales más vacías y pueriles. Merecieron plenamente su patética desaparición, pero con ella, y ante las ruinas inconfesables del 1 de octubre y del Procés, el silencio, impune y autocomplaciente, resurge como un fantasma en la vida civil. 

El nuevo orden es otro tipo de silencio y autocensura extraño, todavía inexplicable, como el viento que atraviesa las ruinas de una antigua ciudad caída por asedio entre las susurrantes sombras de los muertos. Creo casi con certeza que estamos observando el momento de reconstrucción del silencio, la precaria recuperación del silencio de la situación no solo anterior a la debacle de 2017 sino incluso antes de 2011 y los inicios del procés. Algo totalmente imposible a corto o medio plazo. Silencio que puede leerse como la antesala de un largo y torpe período de búsqueda de algo que llene el vacío del pujoslismo. Puede que las figuras martirizadas y redentoras de los "presos políticos", especialmente la de Junqueras, sean la cantera de material para las sustituciones de antiguos mitos. Los grandes medios de desinformación, buques insignias de la subvención como todo el conglomerado del grupo Godó, han abandonado la beligerancia del procesismo replegando velas, optando de modo apático por las terceras vías, hoy todavía más patéticas que ayer. Relegando el campo del integrismo nacionalista a la miseria cognitiva de periódicos menores, o tabloides, como La República, El Punt+Avui, El nacional, y otros surtidores fecales. A pesar de las tendencias terceristas y el escenario de desorden ideológico y descabezamiento gubernamental, la vida civil sigue presionada: profesores universitarios hostigados por ofrecer sus clases en castellano, el miedo al castigo de profesionales y periodistas a exponer sus opiniones libremente, la ruina económica, escritores censurados, la asimilación catalanista a las nuevas formas de corrección política y cancelación cultural, el vaciamiento del lenguaje... ¿Tendrá razón Marx y la historia se repite dos veces, primero como tragedia, y después como farsa? Hoy, y tras esa voluntariosa repetición de las mismas fantasiosas vías hacia la independencia como si de almas bellas se tratara, la farsa es incuestionable. ¿Qué nos deparará? No lo sé, ni nadie puede. ¿Acaso una farsa como retorno de lo reprimido? Sólo el silencio puede garantizarlo. 

 

 

 


viernes, 15 de octubre de 2021

Una propuesta pedagógica republicana

Recoje Arcadi Espada en sus diarios una iniciativa republicana del profesor Giovannini. Una propuesta pedagógica de verdad, sin tonterías. Realmente un ejemplo de laicismo político y necesario ateísmo intelectual, con la presencia estética imprescindible de inteligente humanidad y sensibilidad, culta, limpia y decapada. Que sorprendentemente, de tener éxito su divulgación y realización, provocará la fatua ira de la izquierda divagante y extravagante, ondeando el relativismo cultural mediante el cual levantarán falsas acusaciones de islamofóbia, en esa necia y cruel identificación de religión y raza (o nacionalidad), o confundiendo la crítica de las religiones como forma de neocolonialismo. ¡Oh là, là!

Este tipo de iniciativas en España desbordan lo simbólico y se convierten casi en un deber moral y profesional dada la indolencia e indiferencia general de la comunidad educativa a proyectos o causas intelectuales con profundidad y sutileza, con horizontes. Eso, cuando no expresan su abierto y sucio antiintelectualismo. La triste condición dócil y servil de la mayor parte del cuerpo docente español, inseparable de sus chatas aspiraciones funcionariales, no sólo los convierte en obedientes burócratas (exceptuando cuando les tocan la cartera, es sabido que sólo a través de la cartera llega uno a su solitario corazón) de cualquier delirio pedagógico y cognitivo de la administración, sino en enérgicos filisteos, terribles troyanos en la educación pública. Retomar la última lección de Samuel Paty mediante caricaturas de Dios o el cuadro de la muerte del profesor sería una buena forma de dar señales de sutileza política y vida inteligente, tan inciertas en su insondable mundo y sus años de perro.      

La última lección de Samuel Paty

Actualizado 
La última lección de Samuel Paty

Escribe el profesor Giovannini:

«El 16 de octubre se cumple un año del asesinato de Samuel Paty. Fue un viernes. El lunes 19, como se sabe, la práctica totalidad de los profesores españoles mostró en sus clases las caricaturas de Mahoma, un gesto solidario y valiente que los honra y que permanecerá para siempre. Aquellos (pocos) que no lo hicieron tienen la oportunidad de redimirse colgando esta ilustración en el tablón de anuncios del instituto o la facultad, o en el aula, o en su departamento. Y están a tiempo de mostrar en clase las caricaturas este viernes 15 o el lunes 18. Será un hermoso homenaje a su infortunado compañero. Piensen en el hijo de Paty, que en estos días habrá cumplido seis años y lleva uno sin ver a su padre. Valor y al toro.

La ilustración, ni qué decir tiene, es un plagio. A Castelao».

Limpia y cruel

 Del documental televisivo " El mito Deneuve". Catherine habla de su personaje Alice: 《El gran problema de Alice es que no es redo...