Mamen me escribe sobre W.H.Auden para nuestros tiempos de pandemia; dice en la correspondencia: "Es el reverso metafísico de los horrores de la Europa de inicios de siglo, justo con la gripe española, la gran crisis..." Y lo más terrible, el signo inequívoco de nuestra decadencia, es que el reverso metafísico de nuestro colapso moral y político es la televisión. Y en Calle de dirección única (1928), Panorama imperial. Viaje por la inflación alemana, tesis VIII, remata Benjamin: "Quien no se sustraiga a la contemplación de la decadencia sin duda acabará por reclamar una especial justificación para su permanencia, su actividad y su participación en este caos."
¡Buenas y felices noches del covid a todos!
miércoles, 22 de abril de 2020
martes, 21 de abril de 2020
De relaciones
Oigo decir a Francisco Rico en la Fundación March que de Juan Benet, del que fue amigo, sólo se queda con el personaje de enorme impresión para su vida y memoria pero que nada de su obra. De hecho son dos ironistas y fumadores compulsivos que comparten cierta risa contra la seriedad del mundo, poco más; la diferencia entre el memo y vanidoso académico Rico y el escritor Benet es que este último tenía talento y el otro no, ni de coña. Un talento oscuro, enorme, explotado hasta un exceso de exigencia que hacia imposible la realización completa del artefacto literario, relativamente no consolidado por sus pretensiones críticas de sintetizar ensayo y novela, lenguaje y teodicea, virtuosismo que se quedó en ejercicios de brillantez que le proporcionaron el prestigio de las vanguardias y la estima de sus golfos discípulos, más que en libros realmente terminados y comprensibles para el lector medio. Pero de una modernidad insólita y renovadora en la literatura española de los años 50 y 60; quizá, y junto a Ferlosio y Martín Santos, el proyecto más ambicioso de esa época. Los mismos que escogen únicamente la vida del escritor, o solamente la obra, de igual manera que los que escogen en el terreno político entre cuerpo social, colectividad, o individuos como única realidad desechando la otra parte del binomio, son los reduccionistas y trivializadores de los conflictos reales que desde Simmel, sabemos que se encuentran en la relación, la distancia. Sean relaciones de integración o desintegración en lo político, lo literario y lo biográfico. Lo crucial en Benet es su compleja relación entre su vida y personaje, y su literatura como obra crítica y total, a la que fatalmente aspiraba. La relación señores, es la relación.
lunes, 20 de abril de 2020
fiebres
Estas notas me producen fiebre, deberán ser desarrolladas algún día con solidez si quiero bajar la temperatura.
Es una de las grandes contradicciones, degradantes, de mi generación: somos las promociones que, quizá, hayamos programado con mayor exactitud, obsesión patológica y aceleración desquiciada nuestro propio tiempo, y a su vez los que hemos tenido una relación más desastrosa, calamitosa y penosa con él. Los que se han integrado a ese sistema-rueda del régimen educación-trabajo desconocen hasta que punto son muertos e infames, y los inasimilables empiezan no sólo a ver el alto precio que pagaran por ello sino la imperdonable falta de cálculo en lo pragmático: ¡hasta qué punto sus ilusiones exceden en mucho sus posibilidades reales, propias y contextuales! Con la manía de quemar etapas laborales y personales que por su fugacidad y sustitución eran insustanciales y vacuas, sin ni siquiera la posibilidad de acumularlas con el orgullo calmado y atento del coleccionista, han olvidado la iniciación y consolidación de sus etapas intelectuales y morales. Noto su ausencia, es un hostigamiento constante en la vida civil, afectiva, e íntima que conduce cruelmente a la frustración: al trauma que supone vivir en una sociedad histérica. Y más ácido es todavía cuando descubro y caigo en mis propias limitaciones críticas, cognitivas, éticas y la incapacidad pera revertir nuestra experiencia con el tiempo vacío, nuestra negligencia para hacer o pensar nada.
Es una de las grandes contradicciones, degradantes, de mi generación: somos las promociones que, quizá, hayamos programado con mayor exactitud, obsesión patológica y aceleración desquiciada nuestro propio tiempo, y a su vez los que hemos tenido una relación más desastrosa, calamitosa y penosa con él. Los que se han integrado a ese sistema-rueda del régimen educación-trabajo desconocen hasta que punto son muertos e infames, y los inasimilables empiezan no sólo a ver el alto precio que pagaran por ello sino la imperdonable falta de cálculo en lo pragmático: ¡hasta qué punto sus ilusiones exceden en mucho sus posibilidades reales, propias y contextuales! Con la manía de quemar etapas laborales y personales que por su fugacidad y sustitución eran insustanciales y vacuas, sin ni siquiera la posibilidad de acumularlas con el orgullo calmado y atento del coleccionista, han olvidado la iniciación y consolidación de sus etapas intelectuales y morales. Noto su ausencia, es un hostigamiento constante en la vida civil, afectiva, e íntima que conduce cruelmente a la frustración: al trauma que supone vivir en una sociedad histérica. Y más ácido es todavía cuando descubro y caigo en mis propias limitaciones críticas, cognitivas, éticas y la incapacidad pera revertir nuestra experiencia con el tiempo vacío, nuestra negligencia para hacer o pensar nada.
domingo, 19 de abril de 2020
Hay gente que desprecia en exceso la realidad. No siempre es necesario aportar modelos teóricos, en este caso literarios o estéticos, para añadir algo creativo que le falta a la realidad por sí misma. Como si los mismos perros hinchados de la cultura de certamen, en su arrogancia y vanidad sin límites, y creyendo aportar algo al mundo, no fueran los que precisamente lo anulan y esterilizan. Quién pudiera dedicar tiempo a descifrar el despliegue semántico y político del término administrativo-periodístico: fondo de reptiles; sin necesidad de inventar pedanterías infinitas al modo de la psicopatología de la necedad.
sábado, 18 de abril de 2020
Uno no gana para disgustos. Fernando Castro Flórez, una especie de tercera división de la intelectualidad en el sistema de clubs de la industria cultural, ha inventado un nuevo término para hacer el gilipollas en las redes sociales o YouTube, y justificar de un modo simpático y pop su esterilidad disfrazada de jerga y retórica vacía. Toda la vida un imbécil ha sido un imbécil y nada puede hacerse para cambiarlo, seguirá siéndolo, pero es que ahora ellos mismos definen sus naderías: psico-ontología freak. Es peor que aquellas voces de los aeropuertos en la que tras los timbres una voz femenina avisa que no hay aviso, pues ahora se avisa que no hay avisos definiéndose como un psico-ontólo del devenir inmediato del Dasein predictivo. ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Qué nivel!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
jueves, 16 de abril de 2020
Nota del confinamiento
Los días del contagio no me producen ningún efecto, el confinamiento es mi estado ideal, es cuando recuerdo la vida normal, lo mismo que un sueño, que me invade el malestar.
Sueño (recuerdo), y lo humano se desdibuja, no los veo, empezamos a ser Furbys muy completos.
(hay que pensar brutalmente sin llegar al punto en que el placer nos sea indiferente) (¿?)
Sueño (recuerdo), y lo humano se desdibuja, no los veo, empezamos a ser Furbys muy completos.
(hay que pensar brutalmente sin llegar al punto en que el placer nos sea indiferente) (¿?)
miércoles, 15 de abril de 2020
Un tipo ideal
El desconocimiento, la ignorancia, es ese punto insolente de violencia secreta en las sociedades abiertas, un arma discreta que en último término se usa para matar. Y no caben las ilusiones de las democracias liberales con sus inacabados proyectos ilustrados de educación y sociedades civiles no consolidadas: esta forma política de la ignorancia fomentada por la hiperproducción y el hiperconsumo es la principal causa de esterilidad política, represión social, precariedad económica y autoexplotación emocional. El capitalismo ha formulado su tipo medio ideal con la figura del hombre unidimensional. Conocemos su retrato, es casi una grotesca caricatura literaria: iletrado, inculto, codicioso, limitado, si quiere tener éxito; sometido a la ritualización de la presa, arrogante, seguro de sí mismo, como autoengaño para mantener el principio de autoconservación; dócil y obediente con el jefe/amo, autoritario y caprichoso con el trabajador/siervo. Débil con los fuertes, fuerte con los débiles, simple, previsible, fanático de los deportes y los estadios, los coches y los programas televisivos sobre el mundo industrial, fascinado por las nuevas tecnologías, maquinitas lúdicas, redes sociales, aprecia relativamente y con falsas distancias el encanto estético de las armas y la gramática bélica, obsesionado con la competitividad, el desarrollo personal y la salud, obsesionado con los estudios instrumentales de acreditación profesional y burocrática, el prestigio, la ostentación y la exhibición de sus fetiches mercantiles, despreciativo con la gratuidad de las pasiones, el compromiso político, los saberes inútiles, la investigación independiente, incapaz de soportar ni entender la reflexión crítica, ni ninguna subordinada, devoto del dinero y partidario de lo irracional, supersticioso, maníaco, histérico, cuando ante lo desconocido se ve obligado a llenar el vacío con algo, en dar siempre una respuesta y solución a todo (aunque sea imposible); profeta especializado en banalidades, en ideas pequeñas, técnicas, reproductivas, masturbatorias; tonto, necio, narcisista, egocéntrico, gregario, consumista, consumidor de las mitologías del momento, mito y modas, amoral, sin memoria, racista en sus múltiples metáforas culturales, patrióticas, mercantiles o lingüísticas, cínico, patriarcal y misógino para saciar sus anhelos de seguridad y familia, conservador, reaccionario como respuesta a lo libertario, anticomunista, antimarxista, antifilosófico, odia las vidas improductivas, disfuncionales, siente terror ante los tabús de la civilización moderna: incesto, pudor de los cuerpos y los excrementos y micciones, la vagancia, el regicidio, el desorden. Oportunista y con algunos rasgos caracterológicos que le haría soportable, si no agradable, el fascismo ordinario. En fin, constituyen un socio ideal para cumplir su papel en el vasto teatro de vanidades del mercado nacional, y luego mundial, sin mala conciencia. Este es el sujeto cuyos méritos, valores y talento se alaban, promocionan y premian actualmente. Conozco demasiados. Prufff!!!!!
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