martes, 14 de abril de 2020

escribir está mal pagado, escribir no está pagado, escribir arruina, puede arruinarte la vida, emocional y económica, escribir es inútil, escribir es improductivo y disfuncional estrictamente hablando, escribir es revelarse exactamente como no eres, escribir es una proyección fracasada, escribir no detiene el tiempo, en ocasiones lo hace desgraciadamente acelerado porque escribir agota el tiempo, escribir quita tiempo de vida, escribir es otra cosa, desconocida, escribir es otro ego, imposible, se escribe para encontrar un yo, imposible, escribir así es imposible, escribir es perder los falsos refugios,  o cualquier refugio, Pla decía que escribir es un modo como cualquier otro de pasar la vida, y será cierto o no, pero ahí radicaba todo su cinismo, sus autoengaños y misantropía, escribir no es la verdad, pero es dejar de mentir, escribir no es libertad pero es dejar de ser esclavo, escribir para desengañarse, escribir para insignificarse e insignificar sobre todo a los demás, escribir para perder el miedo, escribir para descreer, escribir para distanciarse, cuando uno escribe parece estar fuera de la vida, es algo distinto que vivir, escribes y no estás viviendo, estás lejos, escribir es algo fascinante y condenatorio, escribir

domingo, 12 de abril de 2020

Una cosa es vivir y otra es escribir, yo vivo de una manera mucho más sencilla de la que escribo. Parece que se dicen muchos escritores, sin acabar nunca de creérselo.

sábado, 11 de abril de 2020

un doble, triple, fondo.

Intento jugar con la imaginación, es ya, creo, la última cosa con la que se puede jugar sin que se rompa. Pienso la estructura del segundo libro, y sigo el consejo de Valeria: tú pinta el cuadro grande delante de la gran catedral, bien iluminada en un día despejado, y al lado ten un cuadro pequeño, como un borrador, pintar en sucio, donde limpias los pinceles, donde tiras el sobrante de pintura, hazlo siempre a tu lado y por debajo, mirando de reojo, y al cabo de los días tendrás algo. Y es cierto, voy amontonando material, tentación del sentido, las formas ya son el estilo, va revelándose, apareciendo, lentamente, muy lentamente, sólo hay prosas, prosas sueltas, y la cosntelación de detalles es ya la construcción del lenguaje. Pinto los detalles, un cisne blanco, y abre el cuadro, exige un lago, la luz de sus plumas arrastran un sol, el detalle abre la mirada. Y cada detalle debe tener un doble, un triple, fondo: el espejo de mano roto en The Apartment (1960) de Billy Wilder, ese espejo roto que Jack Lemmon descubre en el bolsillo de una chaqueta tiene tres sentidos y dimensiones, por un lado es una clave narrativa, un giro imprescindible en la estructura narrativa, a la vez es la prueba y objeto fetiche de una traición, y también la representación estética del desamor y la quiebra del alma; un doble, triple, fondo.

jueves, 9 de abril de 2020

1956

Suena Comment te dire adieu, en la azotea del bloque, canta la bella Françoise Hardy, acaricio el suelo con los pies como si fuera su piel, estoy casi desnudo tumbado sobre la toalla humedecida, siento el calor de las tejas en mi espalda, transpiro, el calor del sol en el rostro y en el brazo y parte del pecho el calor de un vientre, es el vientre de una perra preciosa, está tumbada a mi lado, una pit bull marrón con manchas blancas, ojos ingenuos y negros, cuerpo robusto, le encanta que le acaricien las tetas, mordisquea su pelota de goma, pronto se fatiga, y busca la sombra entre los maceteros que decoran el terrado junto a la reja metálica que nos separa de los vecinos, y al fondo, esa inmensa pared de ladrillos tostados, en la que aparece una cifra escrita en blanco tiza: 1956, año de la construcción del edificio. Justo el año en que la hegemonía política y cultural falangista que dominaba desde el final de la guerra civil y fratricida fue sustituida por el arrebatador poder del Opus Dei, la otra mitad de la ideología nacionalcatólica constitutiva del franquismo. 

Aquí arriba hay otra ciudad, lejos del duelo, lejos de la enfermedad, lejos de la administración de muerte que se revela descarnada, y desquiciada como es. No siento nada, ni nada malo, aquí arriba todo es apacible, lento, dilatado, y bello. En uno de los patios interiores dos chicas se acarician y atusan el pelo, las oigo reír, parecen jugar entre ellas como niñas, oigo la fricción de platos, vasos y cubiertos de una familia que recoge la mesa después de comer, están en el balcón terminando el vino, y enfrente mío, una anciana asomada a la ventana mirando la calle vacía, ante el asfalto gris. Siento, entonces, otra vez el cálido vientre de la perra, es hermosa, pasa sobre mis piernas, y vuelve a las macetas, la sombra baña su cuerpo como si estuviera muerta, sigo mirando el posible cadáver, me recuerda nuestra animalidad en estos días del covid, la fragilidad de la vida orgánica, como organismos biológicos, y no puedo desligarlo de la fragilidad de la mirada, incapaces de ver, ciegos e ingenuos, nuestro devenir frágil en un mundo que no controlamos: ancianos muriendo por la saturación y concentración en los hospitales, y esa proyección enloquecida de todos los miedos, por no saber mirar, que desata los desafectos y las sucias pasiones que me resultan más repugnantes: aburrimiento apático, incapacidad para habitar la soledad, ansiedad doméstica, paranoia, conspiraciones, supersticiones, individualismo indolente, racismo, nacionalismo, religiosidad, deseos de hiperproductividad y hiperconsumo, anhelo de normalidad, embrutecedora normalidad, impaciencia, una imaginación saboteada. La pandemia es nuestro propio tiempo. Aquí en la azotea es otro mundo, hay otra ciudad, y la perra se ha ido.        

miércoles, 8 de abril de 2020

17

Hace diez años que empecé a leer, a los 17, al tiempo que ya pensaba en escribir sin saber qué diablos era eso, ni la disponibilidad y aceptación social para ello. Soy el vivo reflejo de la precariedad en todas sus formas e insanas manifestaciones, cultural, económica, emocional, quizá el cuadro negro de una generación, muchos han enfermado con esto, no quiero exagerar, mejor es que al dolor se le deje solo, sin hipérboles, para que el dolor mismo sea autoexpresivo, es decir el exceso, su propio exceso, el exceso de todos y de todo. Una simple lista puede ser el inventario de la precariedad. Incluso el registro gráfico de una degradación histórica del capital cultural en las clases trabajadoras, empobrecidas y sacrificables. Guardo en la memoria innumerables listas, aquí la lista de lecturas de un año de mi vida, de mis 17 a 18 años, convertida en documento que señala una sociología intelectual de clase obrera desarticulada y neutralizada: Fernando Sánchez Dragó, El camino del corazón, El sendero de la mano izquierda, Muertes paralelas, Gárgoris y Hábidis, Dios los cría..., Y si habla mal de España es español, y Fernando Savater, Las preguntas de la vida, Idea de Nietzsche, La vida eterna, ética para Amador, Política para Amador, su biografía Mira por dónde, Diccionario filosófico, La aventura de pensar, de Rafael Argullo, Aventura. Una filosofía nómada, de Stevenson, La isla del tesoro y El Dr. Jekyll y Mr. Hyde, de Kafka, La metamorfosis, de Russell, Por qué no soy cristiano, de María Antonia Iglesias, Memoria de Euskadi, de Maquiavelo, El príncipe, y el Principito de Saint-Exupéry, de Michael Hauskeller, Pienso, pero... ¿existo?, y alguna lectura de bachillerato, y poco más. 

lunes, 6 de abril de 2020

Hablamos en la madrugada, y es bello estar. Sé que quizá me engaño, pero creo que se ha terminado algo en la palabra, algo que en la vida ya llevaba meses moribundo a pesar de que nada muere para superarse, y estoy tumbado en la cama con ese sentimiento asombroso, como si hubiera perdido el último juguete de madera.

jueves, 2 de abril de 2020

Estoy escribiendo mis notas sobre el silencio, y es fácil descubrir hasta que punto no hemos pensado todavía que la ausencia de silencio es mucho más aterradora y permanente que el mero ruido, que en su condición efímera siempre promete y anticipa, tras su estruendo, al menos un decrescendo apacible de silencio como reposo, aunque sólo sea como impulso para un nuevo crescendo.

Limpia y cruel

 Del documental televisivo " El mito Deneuve". Catherine habla de su personaje Alice: 《El gran problema de Alice es que no es redo...