lunes, 27 de abril de 2020
Nuestra concepción política sobre los extranjeros y lo extranjero, tan inclinada al miedo como odio, la xenofobia, no se forja sólo en el nacionalismo y sus habituales recursos narrativos de suelo, sangre, tierra, nacimiento, pertenencia, lengua y cultura (singulares y amenazadas), y autoctonismo, sino también, y desdichadamente, en los límites de nuestra estética sentimental, de nuestra misma intimidad. Un amigo, o los amigos, nos aparecen como extraños cuando nos sentimos agraviados, un profundo agravio, una ofensa absoluta, un desengaño sin apelación, ni enmienda, ni paliativos, incomprensiones insostenibles, y ahí el amigo como "otro yo", o a lo Montaigne, porqué era él, porque era yo, porque ése era también yo, cobra total realidad al mostrar su reverso, facilitando el sentimiento de extranjería en nuestra propia vida, una extrañeza que queremos quitarnos de encima como la peste. Ofenderse y distanciarse con ellos, es ofenderse y distanciarnos de nosotros mismos; un lugar incómodo para vivir. Lo extraño no viene sólo por las fronteras de nuestra nación, sino por la inestable puerta de nuestro propio corazón.
Nota1. A comentar: Políticas de la amistad, libro leído hace ya semanas, en el confinamiento, de Derrida, pensamiento de gran sutileza, elegancia, precisión y fragilidad política, abre infinitas sugerencias, divagador genial, excesivo bla, bla, bla, sugestivo, cautivador, hipnótico, excitante, a veces insoportable. A comentar: va dirigido a un público reducido, académico, entre pedantes y farsantes, fervientes seguidores que lo fetichizan o detractores que lo calumnian injustamente, libro erudito y atento, prosa lúcida, delicada, compleja, en ocasiones afable y brillante, hombre de gran espíritu literario frustrado, gran espíritu y valor y gran aprecio por lo memorialistico y autobiográfico, pulsión grafómana contenida, desearía escribirlo todo, un diario total, la vida en la escritura, la vida absolutamente en el diario total, lo sé y se nota, pero muy placentero, a su vez falta medida en las proporciones, intensidad del texto irregular, y con insuficiencias en el análisis claro de su presente político (de esto último no estoy seguro). A comentar: un ensayo, tentativo y aproximado sobre una deconstrucción de la amistad, concepto y vida, en la tradición filosófica, lo que demuestra, y en mí cabeza ya debía estar creciendo el animalito desde hace tiempo, que la historia de la filosofía es también, ineludiblemente, una historia de las pasiones.
Nota1. A comentar: Políticas de la amistad, libro leído hace ya semanas, en el confinamiento, de Derrida, pensamiento de gran sutileza, elegancia, precisión y fragilidad política, abre infinitas sugerencias, divagador genial, excesivo bla, bla, bla, sugestivo, cautivador, hipnótico, excitante, a veces insoportable. A comentar: va dirigido a un público reducido, académico, entre pedantes y farsantes, fervientes seguidores que lo fetichizan o detractores que lo calumnian injustamente, libro erudito y atento, prosa lúcida, delicada, compleja, en ocasiones afable y brillante, hombre de gran espíritu literario frustrado, gran espíritu y valor y gran aprecio por lo memorialistico y autobiográfico, pulsión grafómana contenida, desearía escribirlo todo, un diario total, la vida en la escritura, la vida absolutamente en el diario total, lo sé y se nota, pero muy placentero, a su vez falta medida en las proporciones, intensidad del texto irregular, y con insuficiencias en el análisis claro de su presente político (de esto último no estoy seguro). A comentar: un ensayo, tentativo y aproximado sobre una deconstrucción de la amistad, concepto y vida, en la tradición filosófica, lo que demuestra, y en mí cabeza ya debía estar creciendo el animalito desde hace tiempo, que la historia de la filosofía es también, ineludiblemente, una historia de las pasiones.
domingo, 26 de abril de 2020
De reyes, mendigos, y limbos
En muchos casos lo doméstico, el confinamiento doméstico, se ha convertido en un retiro para reyes, reyes civiles y moralistas, tienen tiempo, dinero, comida, cultura, familia amorosa, amigos disponibles y sanos, quizá hasta inteligentes, y una estrategia y análisis político para ver el futuro (que no existe, nunca ha existido) con esperanza, y todo eso si aceptamos los autoengaños nutridos de fatuas ilusiones. Pero para muchos otros la estigmatización de sus cuerpos como precarios, sus vidas como desechables, sus deseos como insignificantes cuando no criminalizados, destinos de empobrecimiento y escasez que se consolidan de un modo indeleble e irreversible en la "excepcionalidad" de la crisis del covid, y que venían arrastrando ya desde la falsa y erosionadora normalidad capitalista anterior al covid, se ha convertido en el erial definitivo de los mendigos. Su nuevo y frío hogar. Los que no estamos ni entre los reyes ni los mendigos tenemos que tenerlo claro, nuestro limbo tiene un precio a pagar, nuestro cansancio, paciencia, un precio ético, incluso vergonzoso, humillante, y que va más allá de nuestra condición en la "normalidad" de ser a la vez verdugos y cómplices, tiene que ver con una calma que encierra el terror, un terror íntimo y personal que afectará a muchos asumiendo una dimensión política, que puede perversamente desbordarse hacia el placer, el placer del que mira desde arriba y no se sabe miserable, ni apelado por la miseria ajena. Cuando el vivir juntos se consolida y establece como una jerarquía enfatizando cruelmente las desigualdades, la injusticia, la explotación económica, las exclusiones políticas, las apropiaciones del tiempo, la extrema avaricia que brota en la escasez, el recrudecimiento de la pesada carga de la existencia, entonces estamos ante una discreta forma de barbarie organizada, llámese capitalismo puro, llámese socialdemocracia, llámese guay del paraguay: el hombre se convierte en un animal territorial, como un hipopótamo agresivo que marca la zona de integración y exclusión con excrementos y micciones.
sábado, 25 de abril de 2020
L.Y.
El confinamiento se relaja, desescalada, descomprensión progresiva, incluso se liberará, la vida no.
A veces me oigo aparecer aquí y allá pero siento que no soy yo, siento que es otro tío, no son voces autorizadas ni percepciones afinadas, y es que sin amor, amante o amado (cosas distintas), uno no sabe si está vivo o no, y estas cosas amorosas y estos casos enamorados no son siempre evidentes, esperamos aterrados el desahucio inminente, no soportamos el abandono, la espantosa soledad que se deriva, la disolución desquiciada, lo buscamos desoladoramente, idealizado lo buscamos, porque el amor, de ser algo que importe, es un reflejo, el amor es un reflejo. Antes la miraba, ojos negros, y es difícil encontrarse en su mirada.
A veces me oigo aparecer aquí y allá pero siento que no soy yo, siento que es otro tío, no son voces autorizadas ni percepciones afinadas, y es que sin amor, amante o amado (cosas distintas), uno no sabe si está vivo o no, y estas cosas amorosas y estos casos enamorados no son siempre evidentes, esperamos aterrados el desahucio inminente, no soportamos el abandono, la espantosa soledad que se deriva, la disolución desquiciada, lo buscamos desoladoramente, idealizado lo buscamos, porque el amor, de ser algo que importe, es un reflejo, el amor es un reflejo. Antes la miraba, ojos negros, y es difícil encontrarse en su mirada.
viernes, 24 de abril de 2020
Cleo
Pasó hace unas semanas. y creo ver a lo lejos que puede volver, es difícil pero puede pasar, depende de, a ver quien puede más si el sol o el silencio.
El brazo que me pasan por el hombro, y grito, casi asustado, como el humillado responde al primer contacto humano después de meses de ausencia, de nuevo la carne, el asombro de la carne. Preparamos la mesa para comer, risas, imitaciones, es el único momento agradable, la mesa el único lugar. Pasa la tarde, hoy es el primer día agobiante del confinamiento. Hago mal los ejercicios físicos, el cuerpo parece desplomarse como un saco de patatas rajado, la torpeza en los movimientos me devuelve a la infancia, descoordinación, flojera, las manos parecen no obedecer, la falta de resistencia general, y las piernas tiemblan de un modo insostenible, la márfaga resbala a cada giro del pie hasta desbordar mi paciencia, esto me destruye los nervios, estoy cerca de un ataque, al borde, es como esa tensión de los conflictos familiares contenida durante años que estalla justo al romperse un baso contra el suelo; preferiría la Parente elegancia y sutileza de esas otras familias que proyectan sus derrumbes íntimos, con su adherida miseria patológica, a través de debates literarios y el comentario de texto u obra de algún escritor amado y consagrado por la fama o el talento. Pero ni siquiera puedo embellecerlo con esa tiste estética del conflicto, ni recurrir a terceros, es un odio concreto y general, simplemente no me soporto, no me aguanto, y mucho menos en este contexto de sistema mundo, todavía podría verme la cara a solas, pero acompañado por este contexto es sencillamente insufrible. Intento leer, me vuelven episodios de autoexplotación emocional de un pasado reciente pero petrificado, y de un modo tan intenso como peligroso la relación entre amistad y apropiación intelectual, inseparable de la expropiación sentimental, lo que hace imposible leer más de 20 páginas del libro en una tarde; fumo, me masturbo, también intento escribir, puede verse el cuestionable resultado, el odio propio, el odio mundo. De noche dan Cleo de 5 a 7 (1962) de Varda por la televisión, me gustó mucho cuando la vi en la filmoteca, y quedaría muy bien decir que entonces el día se arregla, se aclara, que encuentro un refugio en esas reflexiones sobre el tiempo, la muerte, y el amor, pero es falso, me quedé dormido.
El brazo que me pasan por el hombro, y grito, casi asustado, como el humillado responde al primer contacto humano después de meses de ausencia, de nuevo la carne, el asombro de la carne. Preparamos la mesa para comer, risas, imitaciones, es el único momento agradable, la mesa el único lugar. Pasa la tarde, hoy es el primer día agobiante del confinamiento. Hago mal los ejercicios físicos, el cuerpo parece desplomarse como un saco de patatas rajado, la torpeza en los movimientos me devuelve a la infancia, descoordinación, flojera, las manos parecen no obedecer, la falta de resistencia general, y las piernas tiemblan de un modo insostenible, la márfaga resbala a cada giro del pie hasta desbordar mi paciencia, esto me destruye los nervios, estoy cerca de un ataque, al borde, es como esa tensión de los conflictos familiares contenida durante años que estalla justo al romperse un baso contra el suelo; preferiría la Parente elegancia y sutileza de esas otras familias que proyectan sus derrumbes íntimos, con su adherida miseria patológica, a través de debates literarios y el comentario de texto u obra de algún escritor amado y consagrado por la fama o el talento. Pero ni siquiera puedo embellecerlo con esa tiste estética del conflicto, ni recurrir a terceros, es un odio concreto y general, simplemente no me soporto, no me aguanto, y mucho menos en este contexto de sistema mundo, todavía podría verme la cara a solas, pero acompañado por este contexto es sencillamente insufrible. Intento leer, me vuelven episodios de autoexplotación emocional de un pasado reciente pero petrificado, y de un modo tan intenso como peligroso la relación entre amistad y apropiación intelectual, inseparable de la expropiación sentimental, lo que hace imposible leer más de 20 páginas del libro en una tarde; fumo, me masturbo, también intento escribir, puede verse el cuestionable resultado, el odio propio, el odio mundo. De noche dan Cleo de 5 a 7 (1962) de Varda por la televisión, me gustó mucho cuando la vi en la filmoteca, y quedaría muy bien decir que entonces el día se arregla, se aclara, que encuentro un refugio en esas reflexiones sobre el tiempo, la muerte, y el amor, pero es falso, me quedé dormido.
jueves, 23 de abril de 2020
Estoy leyendo una obra que aún nadie ha leído ni conoce, no existe todavía una sola línea escrita. Tiene un mecanismo innovador que ya anunció Adorno cuando quería hablar de Hegel y de la actualidad de la filosofía. No consiste tanto en recuperar los cadáveres de la tradición filosófica y preguntarse, con un morbo macabro, qué hay de vivo y muerto en ellos, qué queda para nuestro presente, ¿se puede rehabilitar o resucitar el cuerpo fallecido de Hegel? conjurarlo? hacer que aparezca y hable? sino más bien: ¿estamos muertos a sus ojos, o no? estamos muertos a los ojos de la filosofía (y en estos tiempos cobardes y antifilosóficos habría que certificar que la filosofía triunfa cuando fracasa)? a ojos de Morán? de Petit? hay otros ensayos del silencio? Lo mismo cabría preguntarse sobre la crisis del covid, este tiempo de pandemia o esta pandemia del tiempo. No qué hay que salvar del espíritu europeo, en decadencia o extinción, sino qué hay de vivo en nosotros desde la perspectiva del espíritu europeo; los ultras de la ilustración? muertos en vida? muertos que aún no saben que lo están que como las estrellas una vez muertas y destruidas, y años después, todavía siguen brillando en el cielo, encendidas? Y curiosamente el libro que estoy leyendo y del que no existe todavía línea escrita nace de esta culpabilidad. Libro, que nace culpable.
miércoles, 22 de abril de 2020
noches del covid
Mamen me escribe sobre W.H.Auden para nuestros tiempos de pandemia; dice en la correspondencia: "Es el reverso metafísico de los horrores de la Europa de inicios de siglo, justo con la gripe española, la gran crisis..." Y lo más terrible, el signo inequívoco de nuestra decadencia, es que el reverso metafísico de nuestro colapso moral y político es la televisión. Y en Calle de dirección única (1928), Panorama imperial. Viaje por la inflación alemana, tesis VIII, remata Benjamin: "Quien no se sustraiga a la contemplación de la decadencia sin duda acabará por reclamar una especial justificación para su permanencia, su actividad y su participación en este caos."
¡Buenas y felices noches del covid a todos!
¡Buenas y felices noches del covid a todos!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Limpia y cruel
Del documental televisivo " El mito Deneuve". Catherine habla de su personaje Alice: 《El gran problema de Alice es que no es redo...
-
Del documental televisivo " El mito Deneuve". Catherine habla de su personaje Alice: 《El gran problema de Alice es que no es redo...
-
Sin duda, Marisas y Pedros son un buen motivo para dejar de ser de Izquierdas:
-
En su extraordinario libro, Compórtate (2017), el neurobiólogo y primatólogo Robert Sapolsky escribe: “Si durante la adolescencia, los ...