martes, 26 de septiembre de 2023

Difícil tolerancia

Solo hechos. Giordano Bruno después de siete años en las prisiones de la inquisición fue quemado vivo en 1600. Galileo acusado de hereje tuvo que abjurar de rodillas de sus tesis astronómicas. La Iglesia prohibió la enseñanza del sistema copernicano, creó el Índice de libros prohibidos cuya última edición es de 1948, y relacionó la medicina con la demonología. La locura era una posesión diabólica y el Papa Pío V ordenó a los médicos, vía decreto, llamar antes a los sacerdotes porque consideraba que la enfermedad corporal frecuentemente surge del pecado; a su vez denegaba tratamientos si el paciente no se confesaba. La disección estaba prohibida a consecuencia de una bula mal entendida de Bonifacio VIII. Jacobo I creía que las tormentas eran producidas por las brujas, se calcula que solamente en Alemania, entre 1450 y 1550, fueron asesinadas cien mil mujeres acusadas de brujería, la mayor parte quemadas. La madre Teresa de Calcuta dijo en su discurso de aceptación del premio Nobel de la Paz: “el más grande destructor de la paz es el aborto”. En fin, pobre mujer. La Ley Butler, que se aprobó en 1925, prohibía la enseñanza de la teoría de la evolución en las escuelas públicas norteamericanas, ese mismo año el maestro John Scopes fue declarado culpable de enseñar darwinismo a sus alumnos, la ley no se derogó hasta 1967 y todavía hoy existen tensiones entre evolucionistas y creacionistas en algunos estados federales. De las cruzadas católicas y las guerras de religión a los atentados del 11s y las decapitaciones de los infieles por el Estado Islámico, solo hay una cifra incalculable de millones de muertos. Millones, bah, migajas. La extraña relación de la religión con la paz y el conocimiento, su desprecio por la vida humana, quizá una de las mayores empresas criminales de la humanidad. Podría seguir, ya que la información calamitosa que me proporcionan Bertrand Russell, Richard Dawkins y la Wikipedia es inagotable.  

En la enseñanza de la historia la gloría del poder carga con su reverso obsceno de muerte. El comunismo y el Gulag, el nazismo y el Holocausto, el Imperio Británico y el colonialismo, el Reino de Bélgica y el genocidio congoleño, USA y el exterminio de los amerindios. ¿Por qué resulta ofensivo recordar que en las escuelas la religión no puede ser tratada desde un plano meramente idealista y metafísico, repleto de almas bellas y significantes trascendentes, obviando sus innumerables crímenes? ¿Por qué va a ser visto eso como impiedad y una prueba de mal gusto? Cabría pensar que la inmoralidad es precisamente la asimetría respecto al resto de ideologías sometidas a la criba de la realidad histórica. Resulta totalmente incomprensible el enorme y desproporcionado prestigio del que gozan hoy las religiones en el Occidente laico y secularizado, quiero pensar que es el mismo sentimiento de excepcionalidad que produce un animal exótico enjaulado en peligro de extinción. El confuso privilegio del que disfrutan es algo que debe aclararse.

En las democracias liberales las raíces del sistema educativo derivan de la ilustración, un proyecto que se ha considerado inacabado e incompleto por sus defensores, mientras que se consideraba fracasado y derrotado por sus enemigos de la contra-reacción romántica. Es difícil, pero inevitable, enfrentar la encrucijada: los fines ilustrados (republicanos) son incompatibles con los de la educación religiosa. Es conocido el odio de esta tradición contra el conocimiento científico, la claridad, la ironía, la racionalidad en general y cualquier forma de escepticismo y libertad humana. El científico frente al teólogo. El término medio donde reina la convivencia entre ambos es la trampa ideológica de la aconfesionalidad: crean lo que quieran, pero bueno, crean en algo. Como aquella broma de Chesterton: “se ha dejado de creer en dios para empezar a creer en cualquier cosa”. La ignominia ha llegado hasta tal punto que es posible esperar un mundo y un estado armonioso con muchos credos, expresado también en el multiculturalismo, pero resulta inimaginable un mundo plural sin religiones, un estado sin idolatrías ni ningún dios dirigiendo el destino de los hombres. Pero todavía es más curiosa su relación con la tolerancia, un principio fundacional de las luces.

Inscrita en la democracia, la tolerancia consiste en la determinación de no prohibir, no obstaculizar, ni interferir en una conducta que se desaprueba cuando uno tiene la autoridad y el conocimiento necesario para ello. Es decir, aceptar la libertad de los demás como precio de la propia. Sin olvidar sus paradojas: la tolerancia es siempre en algún nivel represiva. Se define precisamente por ser intolerante contra el intolerante, contra aquello que impide su ejercicio. Del mismo modo que no existe un placer inocente tampoco encontraremos una tolerancia total sin la proyección de posibles antagonismos que la justifiquen, como por ejemplo las doctrinas sagradas. Muchas preguntas legítimas tienen respuestas incómodas: ¿hay que tolerar los aspectos falsos de la religión y sus preceptos abiertamente inmorales? La religión como cosmovisión poética del mundo, una fantasía que pretenda dar sentido a la vida como hace la literatura y el arte, es aceptable democráticamente siempre que abandone sus aspiraciones de verdad y cualquier intento de sustituir la explicación científica de la realidad y el gobierno sobre la comunidad política. Una teoría que no puede ser desmentida por los hechos ni por la experiencia, por ninguna circunstancia real, no puede ser asimilada en la instrucción pública. Nada de lo que pueda suceder en el mundo es inexplicable para la religión, por eso es falsa, y su inclinación totalizadora un riesgo irracional demasiado proclive al despotismo. Las proposiciones de la religión predican enunciados para los cuales ninguna evidencia que las refute es ni siquiera concebible (esto remite al criterio de falsación popperiano) ¿Hasta qué punto es tolerable académicamente tanta arrogancia? ¿Si con eso tenemos que convivir cuáles son los límites y su papel en la educación?  

El problema es que estas creencias están ligadas a la acción y al comportamiento de la gente bajo la promesa de la vida eterna; mentalidades sacrificiales, punitivas, autohumillantes, castradoras, mortificantes, se enlazan con la obligatoriedad moral de realizarlas. Esas costumbres pueden parecernos tan repugnantes como las prácticas descritas en las obras del Marqués de Sade, la diferencia es que en este caso entendemos su pertenencia al reino de la ficción y al imaginario libertino-filosófico. Nadie está forzado a ejecutarlas literalmente ni obligado a adorarlas bajo el yugo de la culpa y el castigo. Todos queremos que los alumnos se acerquen de un modo abstracto a la condición indecible de la crueldad humana, al goce repugnante y a la perversidad sexual en la dimensión “inofensiva” de la fabulación, pero nadie desearía la pornotopía de Cassanova y el contexto sadiano como educadores sexuales de la juventud. ¿Por qué permitimos entonces esa ambigüedad con la Biblia y sus perniciosas enseñanzas morales y cosmológicas? ¿Qué estatuto posee la religión para borrar impunemente la distinción entre los hechos y la ficción, lo verdadero y lo falso, y decretar el bien y el mal, la culpa y la inocencia? ¿Por qué íbamos a ser tolerantes cuando se trata de educar a los alumnos en la falsedad? ¿No rechazamos las creencias que conducen a formas de vida aberrantes y absurdas? ¿Cómo nos va a dar igual que a los niños se les haga pasar por verdaderos acontecimientos delirantes? ¿Quién toleraría el engaño, la superstición y el oscurantismo en una educación ilustrada?

Esto supone también un grave dilema para los creyentes, ya que de enseñarse la doctrina desde la perspectiva liberal perdería todo el significado metafísico, epistemológico y moral que, de ser coherentes, defienden. Vaciada del contenido de la pureza y lo sagrado perdería toda fuerza, se limitaría a expresar un eslabón más en la genealogía estética. Aunque no se suele pensar muy a menudo en la cuestión por su pretendida benignidad el escéptico y el incrédulo tienen derecho a exigir al hombre de fe que dé pruebas de la existencia de Dios y de su sospechosa ciencia celestial. La conocida petición de principio. Son precisamente los  racionalistas y ateos los que en la mayor parte del mundo (que todavía es teocrático) tienen razones para sentirse amenazados, hostigados y maltratados, cuando no son directamente asesinados. En occidente son ignorados por las autoridades y por el cínico consenso establecido en la conversación pública. Si la religión quiere ser tolerada en la enseñanza debe sobrevivir al escrutinio de la razón y al descrédito de su propia historia, enmarcada en un papel vagamente poético y simbólico como documento cultural.  


viernes, 22 de septiembre de 2023

Dragó y yo

EL 10 de abril de 2023 mientras escribía, ya de tarde, las últimas líneas del artículo sobre Judith Rich Harris moría Fernando Sánchez Dragó de un infarto a los 86 años en su casa de Castilfrío, un pueblecito de Soria. “Davant la mort em trec el barret”, escribió Josep Pla. Dragó forma parte de mi memoria sentimental a pesar de pertenecer al penoso elenco del mandarinato cultural de la reacción. Con sus entrevistas a escritores en los programas culturales de televisión Negro sobre blanco y Las noches blancas, más que con sus libros egográficos, se inició mi pasión por la literatura. Su personaje libertario y libertino me sedujo para el goce, algo falsificado, de la vida y al aprecio por la tolerancia: aceptar la libertad de los demás como precio de la propia. Aunque representa la irresistible libertad interior del escritor europeo occidental sus opiniones y compromisos políticos conducían a la supresión de la libertad y la igualdad política; en parte esta tensión entre interior y exterior es una de las grandes contradicciones de la literatura europea del siglo XX. Las ideas literarias en la juventud pueden conducir a un atroz pesimismo, y son tan devastadoras como el más cruel de los fingimientos amorosos. Pero su literatura era alegre, artificiosa, pícara, jovial, narcisista, e invitaba al adolescente a inaugurar su primer amor. Y sucedió, pero sin falseamientos, y fue doloroso, y me encantó. Con la muerte del escritor se cierran los recuerdos del bachiller que fui.    

jueves, 21 de septiembre de 2023

Adorno

 << [...] reflexionar sobre el fenómeno de lo fácil que resulta la represión precisamente en el fervor de la voluntad de cambio; que los intentos de transformar eficazmente nuestro mundo en tal o cual aspecto específico se ven expuestos de inmediato a la aplastante fuerza de lo existente y parecen estar condenados a la impotencia. Es posible que quien quiera transformar sólo pueda hacerlo en la medida en que convierta esta misma impotencia, junto con su propia impotencia, en un momento de lo que piensa y quizá también de lo que hace>> 

(Adorno; Educación para la emancipación) 

miércoles, 20 de septiembre de 2023

La respuesta del escritor Eduardo Mendoza en Canal Sur a la pregunta metafísica de un periodista: " pero Eduardo, ¿a qué hemos venido a este mundo?" y en apenas unos segundos y sin pestañear: " a pagar a Hacienda".     

martes, 19 de septiembre de 2023

Por la mañana, intentando encontrar el número de teléfono de una sucursal del Banco Santander. Lo encuentro, no existe esa línea, busco otro, una voz metálica y robótica me dice que trabaja para facilitarme la comunicación y hacerme perder el menor tiempo posible en las gestiones bancarias; cualquiera diría que esa voz de ceporra me está tomando el pelo. Obviamente no consigo lo que me proponía, mi paciencia es exactamente de 42 minutos. Termino algunas correcciones del libro que escribo con Jorge, llama Gerard me pide ayuda para terminar la mudanza. Quedamos a las 14h en su casa. Todavía me da tiempo de empezar y terminar en lo que queda de mañana el libro Pura pasión de Ernaux, una delicia que expone el deseo erótico entre la espera y la pérdida. La novela corta me la prestó ayer Raquel, ha sido una doble lectura entre sus propios subrayados y marcas y el texto literario mismo, en fin, doble interés, excitante. Llego a las 14:20h, hay poca gente en la calle, el antiguo instituto, me sorprende que todo siga más o menos igual. Comemos en el balcón, croquetas y pizza, cervezas, un vinito y el último puro que me trajo L. de su viaje a Cuba; hacía mucho tiempo que no salía L. en mis diarios, en el fondo y discretamente le encantaba, era lo único mío que leía y apreciaba, ya se sabe que lo que más nos gusta es que nos deseen de cualquier forma irracional, aunque sea mediante la escritura. Lo de la mudanza es una buena excusa para verme y despedirse de mí. La casa está invadida de bolsas con ropa y cajas de cartón llenas de libros y papeluchos, latas de cerveza vacía, hay maquinitas electrónicas de músico que todavía no sé para que coño sirven pero parecen caras y delicadas, las envuelve con un jersey.  Hace la maleta, la rehace, pesa las mochilas, nos pesamos nosotros, he engordado. Suena Jane Birkin. Tiramos los objetos descartados, bolsas de basura, trastos, antes de llegar al punto verde se lo damos todo a los chatarreros. Estoy un poco alcoholizado, sudo, el bochorno es intenso. Conversamos sobre la nevera Liebherr, no enfría. Ya en el sofá hablamos como en una película francesa: bistrot, sexo soterrado, sentimientos incómodos e incorrectos, la brevedad y la fugacidad del tiempo, los anhelos y la imposibilidad de vivir sin que se nos escape algo, melancolía de lo no vivido. Planeamos algunos viajes con Clàudia, Budapest. Necesito más dinero. Nos despedimos. Llego justo a la Filmoteca a las 19:55h. Película Yi Yi (2000) de Edward Yang, la sala está llena, impresionante obra. Vuelvo andando a casa, le doy vueltas a esa mezcla de ternura y dureza. Escribo. Mañana otra vez el puto banco. 

domingo, 17 de septiembre de 2023

Sarraute

Escribe Nathalie Sarraute: "como esas personas que prefieren proclamar y hasta exagerar sus defectos para escapar de una posible crítica". O como aquellos que no dejan de citar autores para ocultar su ignorancia, o como aquellos que exhiben ostentosamente su sexualidad para esconder que realmente no les gusta follar ni les interesa el otro sino únicamente ser deseados, o ¡escuchados! O como aquellos verborreicos que no callan, masturbándose con el lenguaje, para no enfrentarse a la vacuidad de su conciencia y las turbaciones del silencio. O como aquellos hiperactivos sociales que huyendo de la soledad es como precisamente se condenan a una de sus peores formas: la de sentirse solo acompañado. 

miércoles, 13 de septiembre de 2023

Aquellos días aciagos en los que solo aprecio tres rasgos de mi carácter, la curiosidad, la honestidad intelectual y el intenso gusto por la vida, y considero que el resto compone un retrato realmente despreciable de mí mismo, sé que lo hago como excusa para despreciar, sin mayores complejos y sin remordimientos de conciencia, a los demás. 



Limpia y cruel

 Del documental televisivo " El mito Deneuve". Catherine habla de su personaje Alice: 《El gran problema de Alice es que no es redo...