domingo, 10 de septiembre de 2023

Amnistía

Hace unos días que la vicepresidenta del gobierno en funciones Yolanda Díaz visitaba al expresidente autonómico Carles Puigdemont en Bruselas, principal responsable de los delitos nacionalistas del Procés, para negociar la investidura de Pdr Snchz a cambio de la amnistía. La negociación supone fabricar una ley ad hoc para los intereses privados de Puigdemont, su infame partido, y solo la mitad aproximada de los catalanes, al tiempo que impone un olvido legal y político sobre la irresponsabilidad e ilegalidad de los acontecimientos. El mecanismo obedece a la ya clásica identificación del "President" con Cataluña, al estilo Pujol, práctica habitual del caudillismo. El único y delirante modo de justificar la creación de una ley de amnistía a la carta. No es nada nuevo, el nacionalismo es una gran escuela de desigualdad, comparte la misma lógica del racismo, la xenofobia, la homofobia y la misoginia. Es decir juzgan, excluyen o incluyen, a los individuos por lo que son, derivando lo que son de su origen, las raíces y arraigo a la tierra (como un tubérculo), y no por lo que hacen. Algo que hasta el momento el PSOE y todas las fuerzas políticas indulgentes y complacientes con el nacionalismo toleraban con gusto y oportunismo, pero que ahora, de aprobarse la ley, legitimarían y asumirían como propio. Resulta humillante contemplar como se cuece a fuego lento la discriminación formal y real de los ciudadanos catalanes no-nacionalistas ante la ley.  

  

domingo, 2 de enero de 2022

Dos días en solitario buscando compañía, la deseo y sólo de pensarlo seriamente al coger el teléfono para llamar lo rechazo, rechazo todo consuelo, porque no sería más que eso. Encuentro sólo dos maneras de defenderse de las hostilidades externas o la dureza impenetrable de la sociedad, y ambas pueden ser peligrosas a la vez que un rasgo de inteligencia. O el humor, o el cinismo (ya que la conciencia, parece, es solo para los perdedores). EL humor te puede convertir en un payaso o en un mal actor de ti mismo, una especie de arlequín imitando y reproduciendo tu propia vida para la parodia. Sin embargo la frialdad del cinismo y su ejemplar ductilidad y adaptabilidad puede esterilizar tus rasgos de humanidad y ternura que la erosión del día a día puede dejar como incierto rostro. Puede dejarte un rostro, si en él se contuviera toda biografía, totalmente ilegible e irreconocible para los demás, nadie podría llegar a testimoniar verdaderamente de tu propia vida. 

sábado, 1 de enero de 2022

Feliz y feliz 2022

Termina un año cargado de ruina, enfermedad, irracionalidad y la arrogante alegría del superviviente. Comienza otro cagado de incertidumbre, ya experimentados por un miedo desproporcionado. Si bien la incertidumbre económica ya existía como forma de dominio para la mayor parte de las vidas precarizadas de la sociedad ante la indolencia e indiferencia de las más privilegiadas o establecidas en este tiempo pandemico la nueva incertidumbre, todavía más caprichosa que la anterior, sencillamente se ha convertido en el umbral político de la época. Ni siquiera los cínicos o los cobardes, los grandes beneficiaros de este tipo de situaciones caóticas, están a salvo. Muchos destacan la necesidad de aprender a vivir con la incertidumbre, como si el azar no hubiera gobernado desde siempre nuestras vidas sin importar su principio ni su fin. La historia, cuyo único objetivo es evitar su propia disolución, esta basada en la incertidumbre y la contingencia, negando en su lenta evolución discontinua cualquier anhelo de sentido o teleología, o cualquier disfraz metafísico que ayude a conjurar nuestra ignorancia. Ni circular, ni un eterno retorno, ni lineal, o linial progresiva, la historia más bien es ondulante e irregular en una dispersión (no infinita) de ramajes entorno a unos pocos troncos centrales en direcciones opuestas. Es esa oscilación, que muchos descubren como un sofisticado juego del cuco, donde puede observarse cómo en los picos de una era ir contra el mundo, incluso contra el propio mundo, es ir a favor del tiempo. Ir contracorriente en occidente en la década de los sesenta del SXX, por ejemplo, no conducía necesariamente a la muerte, aunque siempre se corrían algunos riesgos indeseables, sino que empujaba fuertemente la época. Mis intuiciones y un puñado de hechos ahora excesivamente largos y tediosos de exponer en un dietario me obligan a pensar que hoy ir contra nuestro mundo es ir contra el tiempo. Y, si alguna vez no fue así, ir contra nosotros mismos.   

martes, 28 de diciembre de 2021

Posnavidad

Contrariamente a lo que un discurso oscurantista y relativista podría sostener en estos tiempos de fiebres posmodernas, la paz no es la guerra, sino que (y contrariando también al pensamiento conservador que intenta escindir analíticamente la paz de la guerra para adjudicar la paz como consustancial y natural a las ideologías liberales o tradicionalistas) la paz es, indeleble, la huella de la guerra. Cuya arena todavía guarda el calor de la metralla encendida. 

domingo, 19 de diciembre de 2021

Arcadi Espada en su Jornal, escribe sobre la irracionalidad en el tratamiento mediático, civil y político de la pandemia; en realidad no hace sino escribir, una vez más, sobre la irracionalidad del mundo. Hay un decálogo muy pedagógico que reproduzco libremente añadiendo observaciones propias, que viene  directamente de la cocina mientras preparo el caldo para estos días de fiestas:  

1. Es más probable no tener covid que tenerlo. El miedo debería ser proporcional a las cifras empíricas y su análisis racional: es más probable que mueras por suicidio o accidente de tráfico que por covid. Es decir ten mucho más miedo de ti mismo y cuidado con los coches en circulación que de un fragmento disperso de ADN rodeado de proteínas. 

2. En el exterior las mascarillas, que son inútiles (y útiles aunque insuficientes en el interior), sólo podrían recomendarse para circunstancias estéticas desesperadas. En muchos casos las mascarillas son un atentado contra la belleza, en otros simplemente son su condición de posibilidad. 

3. Ningún científico puede predecir hoy las evoluciones del virus, ya que desconocemos con exactitud el número real de contagios presentes y pasados. Y todavía menos hacerlo calculando las consecuencias sociales, así que todas las medidas civiles restrictivas deben ser valoradas por lo bajo: flexibles y no universales. Hay que acostumbrarse a soportar las oleadas sin vincularlas con las medidas no farmacológicas que puedan tomarse. Por lo tanto nuestra única obligación moral es vacunarnos, el resto está en manos del azar (a no ser que uno prefiera vivir aislado y anulando su deseo), como lo está casi todo en la vida.

4. Las alarmas sobre las nuevas variantes del virus, las viejas mutaciones, también son inútiles. Cuando la variedad se descubre el virus ya se ha extendido. Nada justifica el discurso apocalíptico que se fundamenta en el número de contagios (siempre inestables e inciertos pues no es posible detectar o contabilizar a los infectados asintomáticos). Lo crucial es atender a los datos de mortalidad y letalidad que han descendido al 0,2  desde que la población se vacuna, respecto al 1,2 de los peores momentos de la pandemia en una situación pre-vacunas. La única alarma justificada es la muerte. La estupidez cantonal es la base insuperable del gregarismo, y tengo la firme convicción que es más letal que el virus covid.    

5. Las personas vacunadas no pueden tener la misma obligación de cuarentena, por haber estado en contacto estrecho con un infectado, que las no vacunadas. Aunque la cuarentena es un estado ideal de soledad y reflexión para las clases medias que los más ansioso y frívolos (que son la mayoría, por desgracia me ha tocado amar a muchos amigos de clase media) desaprovechan.  

6. Debe acabarse de una vez por todas con la fantasmagoría profiláctica del covid. Acabar con ello incluye, por ejemplo, desmontar las ridículas mamparas que en tantos interiores dificultan la saludable circulación del aire. Se habla demasiado de los bares y demasiado poco de los metros. Y añadiría que deben suprimirse todos los patéticos obstáculos que impiden circular libremente a la inteligencia y el sentido común, un recurso escaso y amenazado. 

7. La vacunación debe ser obligatoria. Especialmente para los libertarios que prefieren la libertad a la vida; no merecen vivir en una sociedad libre ni igualitaria, todavía son adolescentes con pósters de Ayn Rand en la habitación que necesitan terminar su proceso educativo o etapa de formación, aunque parezcan irrecuperables. Su causa por la libertad se convierte en una payasada y necedad cómica en el mismo momento que se descubre su estrecho vínculo fáctico, no sólo epistemológico, con los negacionistas (los primeros a los que habría que haber vacunado para que puedan negar con propiedad), como en el caso de Vox en España. 

8. Acabar con la retransmisión en directo de la pandemia. Pero eso es pedir tanto como que se acabara con la retransmisión y difusión automasturbatoria del irracionalismo, el oscurantismo, la irresponsabilidad, y el negocio de la estulticia. Ciertamente por algún sitio hay que empezar, y habrá que seguir intentándolo ya que no nos ha salido bien ni con el nacionalismo catalán, español o vasco, ni con con la religión, ni con la sociedad del espectáculo. 

9. No asumir los mandatos del gobiernos como las voces de los sacerdotes ante la verdad revelada, ni los de los científicos con alma de burócrata y funcionario. Hay que recordar que son los mismos chupatintas que obligaron a los padres y madres a encerrar a sus hijos en casa durante meses mientras liberaban al perro tres veces al día para que paseara y cagara un rato en el parque.

10. No obedezcas medidas irracionales. El retorno oscilante de restricciones duras sobre la libertad de movimiento y reunión para todo el mundo son la evidencia de la ineficacia de los gestores públicos y los "expertos". No son medidas sanitarias efectivas sino la consecuencia de llegar siempre tarde y mal; de la falta de recursos para el relativo control de la pandemia y sobre todo el nulo refuerzo del sistema sanitario para evitar el colapso. Los burócratas, junto la sociedad dócil y crédula, hacen pagar con la coacción y la alarma lo que no han sabido resolver con inteligencia con los rastreos de contagiados u otras medidas análogas. La conciencia de vivir necesariamente en la incertidumbre se hace ineludible: aprende a vivir con ella, pero no con el delirio.  

   


  

viernes, 17 de diciembre de 2021

Reino democrático

Sin duda desde la Transición (a pesar de su mitología) España es un país libre donde puede ejercerse la libertad pública, simplemente es que la libertad aquí, bajo las circunstancias de consumo, no sirve para nada. 

Resulta sobrecogedor pensar que de la prohibición de la libertad tan significativa en la dictadura franquista se ha pasado en el reino democrático a su completa inutilidad. 

El destino de la libertad sólo importa a los esclavos.  

Vizinczey

 Escribe Stephen Vizinczey en su novela En brazos de la mujer madura:   

"En esto soy como la mayoría de mis escépticos compañeros: puesto que ya no nos reprochamos no ajustarnos a unos preceptos éticos absolutos, nos golpeamos con el palo de la interiorización psicológica. Cuando de amor se trata, rechazamos la distinción entre moral e inmoral a cambio de “verdadero” y “falso”. Somos muy comprensivos para condenar nuestras acciones y, en su lugar, condenamos nuestros motivos. Después de liberarnos de un código de comportamiento, nos sometemos a un código de motivación para conseguir la sensación de vergüenza y angustia que nuestros padres adquirían por medios menos sofisticados. Nosotros rechazamos su moral religiosa porque enfrentaba al hombre con sus instintos, lo agobiaba con el peso del remordimiento por unos pecados que, en realidad, eran efecto de leyes naturales. No obstante, todavía estamos haciendo penitencia por la creación: preferimos considerarnos fracasados a renunciar a nuestra fe en la posibilidad de que la perfección exista. Nos aferramos a la ilusión del amor eterno negando validez al temporal. Duele menos pensar: “Soy superficial”, “Es egocéntrica”, “No podíamos comunicarnos”, “Era sólo atracción física” que aceptar el simple hecho de que el amor es un sentimiento pasajero que acaba por causas ajenas a nuestro control e, incluso, a nuestra personalidad. Pero ¿quién puede tranquilizarse con sus propias reflexiones? No hay argumento que pueda llenar el vacío que deja el sentimiento que ha muerto."

Limpia y cruel

 Del documental televisivo " El mito Deneuve". Catherine habla de su personaje Alice: 《El gran problema de Alice es que no es redo...